En la entrada de hoy voy a hablar sobre como empecé a interesarme por la cultura financiera.

Esta entrada es más personal. Voy a hablar sobre mí y sobre como gestiono el dinero. Algunas de las cosas que yo hago, como verás, no siguen directamente lo que sugiere la educación financiera, si no que están adaptadas a mi caso en concreto.

Esta es la última entrada de la serie sobre Educación Financiera. En el futuro seguiré escribiendo sobre este tema pero las siguientes entradas que ya no serán parte de esta serie.

 

Aprendiendo a gestionar el dinero

Como sabes no existe ninguna asignatura que enseñe en el colegio o instituto a gestionar el dinero. Creo que debería existir una asignatura sobre educación financiera.

La única forma que tenemos para aprender es a través de la educación que no den nuestros padres y la educación que nos de la sociedad.

La sociedad normalmente te va a enseñar lo contrario a lo que dice la educación financiera. Esto quiere decir que, al principio, las enseñanzas de tus padres sobre el dinero van a ser las principales que vas a obtener.

Si has leído la cuarta parte de la serie de entradas sobre la educación financiera ya sabrás como aprendí a valorar el dinero.

Hasta que llegué a la universidad tenía una paga semanal asignada. Sabía que si me gastaba el dinero en cosas que no eran importantes para mí, luego no tendría ese dinero para las cosas que consideraba más importantes. Además la cantidad que recibía era bastante pequeña.

Al tener una cantidad de dinero semanal fija y pequeña, normalmente no podía hacer las mismas actividades que hacían la mayoría de mis amigos. Si el fin de semana ellos quedaban para ir al cine y luego para cenar en algún sitio (normalmente en el Bocata de la plaza Santa Clara y en la hamburguesería de la calle Campoamor) yo tenía que elegir cual de las dos actividades era más importante para mi.

A día de hoy veo de forma muy positiva el que tuviera una asignación de dinero semanal (aunque sigo sin ver bien que yo fuera la persona del grupo con la asignación más baja). De entre mi grupo de amigos, aquellos que tuvimos una paga, aprendimos mejor a como gestionar el dinero ya que teníamos una preocupación extra.

Cuando estás viviendo con tus padres y dispones de una paga asignada tienes que gestionar tus gastos. Pero en realidad solo te tienes que preocupar de los gastos correspondientes al ocio. Todo lo demás como la ropa, la comida o el material escolar lo siguen gestionando los padres.

Cuando me fui a otra ciudad a vivir, con motivo de mis estudios universitarios, mis padres decidieron que sería mejor que yo mismo llevara la gestión de todos mis gastos.

 

Un paso más allá

Al terminar el instituto, decidí irme a estudiar ingeniería técnica de telecomunicaciones a la universidad de Valencia.

Mis padres me ayudaron bastante ya que afrontaron los gastos que conlleva el que un hijo se vaya a estudiar fuera.

Este nuevo gasto, sin embargo, lo hicieron siguiendo un razonamiento poco habitual. En lugar de pagarme ellos mis gastos prefirieron optar por darme un dinero mensual con el que yo tendría que pagarme todo. A partir de entonces, alquiler, ropa, material universitario, comida y ocio corrían de mi cuenta.

No sé si lo hicieron aposta o no pero, de alguna manera, me estaban preparando para como sería después la vida, donde uno tiene un salario y tiene que aprender a gestionar el dinero.

El primer paso iba a ser una negociación un mes antes de empezar la universidad.

Una tarde me senté con mi padre para discutir cual sería la cantidad asignada. Yo le presenté los presupuestos, creo que fueron algo así:

  • 100 euros de habitación en piso compartido en Burjassot (Valencia)
  • 180 euros en comida durante el mes
  • 40 euros en gastos de material universitario al mes (como media)
  • 30 euros en gastos de ropa mensuales y varios
  • 50 euros mensuales en transporte Valencia Castellón los fines de semana.

Total que le dije a mi padre que 400 euros sería una cantidad justa. Con esos 400 euros yo me haría cargo de todos los gastos que tuviera, excepto por la matricula universitaria que por motivos fiscales mi padre prefería pagarla el mismo.

Mi padre consideró que 400 euros era mucho y me ofreció 300 euros. Le encantaba negociar y además le gustaba ganar. A mi 300 euros me pareció escaso. Al final tras una negociación llegamos al acuerdo de que me daría 360 euros mensuales.

Si de pequeño tuve que aprender a gestionar mi dinero para mi ocio, ahora tenía que aprender a gestionar mi dinero como cualquier adulto más. Si me gastaba el dinero en fiestas no tendría dinero para comprarme el material universitario necesario.

Con apenas 20 años me encontraba viviendo fuera de casa y gestionando mi dinero siempre que cumpliera mi parte del trato aprobando un buen número de créditos en la universidad.

 

Valoro el dinero porque valoro mi tiempo

La verdad es que 360 euros en aquel tiempo (año 2001) fue una cantidad justa. No podía decir que tenía mucho, pero lo cierto es que me llegaba para todo lo que necesitaba.

Pero a lo largo del año siempre hay eventos excepcionales que piden de un gasto extra para poder afrontarlos. Aunque mi asignación era buena, tampoco es que me sobrara. Si un día se hacía una fiesta universitaria que conllevara un gasto importante a mi me tocaba quedarme en casa.

Fue así como empecé a trabajar algunos fines de semana como camarero. Con el dinero extra que recibía por trabajar los fines de semana me llegaba el dinero para cualquier cosa que surgiera.

Pronto vino un problema: al estar trabajando los fines de semana no podía asistir a eventos o fiestas, ni tampoco podía aprovechar el día para estudiar. Tenía dinero pero no tenia el tiempo para poder disfrutarlo como quería. En aquel momento aprendí que para conseguir dinero tenía que invertir mi tiempo.

Empezaba a tener dinero pero no tenía tiempo para usarlo. El dinero que ganaba me costaba tiempo. De alguna forma empecé a ver ambos conceptos relacionados. Los precios de las cosas empezaron a ser relativos, las 3 copas que me iba a tomar en una noche ya no valían 20 euro sino 4 horas de mi tiempo.

En aquel momento opté por una medida de compromiso. Empecé a trabajar solo algunos fines de semana y de alguna forma empecé también a controlar todavía más mis gastos. Cada cosa que me compraba la tenía que pagar con mi tiempo así que solo compraría lo que realmente fuera importante para mi.

 

No ahorrar nada es vivir por encima de tus posibilidades

Una vez acabe en la universidad decidí moverme a Madrid en busca de mi primer trabajo. Sabía que necesitaba experiencia en lo que acababa de estudiar. Habiendo realizado una carrera de ingeniería los mejores sitios para coger experiencia eran Madrid o Barcelona.

En mi primer trabajo en Madrid no llegaba a los 800 euros. En una ciudad como Madrid donde una habitación en piso compartido costaba más de 300 euros y el bono de metro costaba 60 euros no podía ahorrar, pero al menos me daba para vivir y adquirir experiencia.

Pero pronto llegarían los imprevistos. Recuerdo que tuve que ir al dentista y no tenía dinero para pagarlo porque mi vida en Madrid se fundía todo lo que ganaba. Como no, al final la familia salió al rescate y mi hermana me dejó el dinero para poder pagar los 4 empastes que me hicieron.

Cada cierto tiempo surgían una serie de gastos extras a los que no podía afrontar. Empecé a tomar medidas algo drásticas (el arroz blanco hervido sin ningún acompañamiento no sabe tan mal 🙂 ).

En este momento de mi vida me di cuenta que gastar todo lo que se ingresa o, en otras palabras, no ahorrar nada, significa vivir por encima de tus posibilidades.

“No ahorrar al menos el 10% de tu salario significa vivir por encima de tus posibilidades”

A los 10 meses de haber llegado a Madrid me cambié a un trabajo donde ya me pagaban un poco más. En ese momento tenía claro que si al menos no ahorraba una parte de mi salario estaría viviendo por encima de mis posibilidades, ya que cualquier imprevisto se escaparía de mi presupuesto.

A partir de este segundo trabajo comencé a ahorrar una parte de mi sueldo sin necesidad de pasar penurias. Todos los meses ahorraba un 10% de mi sueldo, restándolo nada más cobraba, así sabía que el resto del dinero me lo podía gastar sin problemas. Sin darme cuenta estaba haciendo lo que dice la educación financiera, me estaba pagando a mi mismo antes de pagar cualquier otro gasto.

Tuve la suerte que, a los 6 meses de estar en este segundo trabajo, llegó una subida de sueldo generalizada del 10%. Mis compañeros que habían entrado cuando yo a la compañía estaban muy contentos. Unos lo celebraron cambiando su habitación por una más grande, otros se cambiaron a un gimnasio más caro. Yo seguí con mi mismo nivel de vida, solo que pasé del 10% a ahorrar el 20% de mi salario.

Una subida de un 10% de mi sueldo me hizo que pudiera ahorrar de un día para otro el doble. Para mi había sido como si mi salario se me hubiera duplicado!

A partir de ese momento ese 20% sería siempre el porcentaje mínimo que iba a ahorrar en cualquiera de mis trabajos. Tener dinero ahorrado me ha permitido realizar muchas cosas y me ha solucionado muchas situaciones imprevistas.

 

Mi gestión del ahorro

Aun sin haber leído nada todavía sobre educación financiera en aquel momento, por algún motivo mi ahorro siempre se ha basado en un porcentaje y no en una cantidad fija.

Cada vez que he empezado un nuevo trabajo me he calculado el sueldo neto mensual a través del sueldo bruto anual y según era la cantidad estimaba el porcentaje de ahorro.

Mi porcentaje de ahorro siempre ha sido desde el 20% hasta el 50% que pude llegar a ahorrar en mi segundo trabajo que tuve en Dublín.

Independientemente del porcentaje de ahorro que tengo, solo un 10% es para inversiones. El resto es para hacer crecer el “colchón”. En otras palabras yo no sigo exactamente lo que aconseja la educación financiera ya que:

  1. En primer lugar, el dinero de mi cuenta para imprevistos crece más rápido que el dinero en la cuenta de inversiones.
  2. No me detengo en parar de ahorrar cuando he alcanzado tener en mi cuenta de inversiones el dinero que me permita vivir 1 año sin necesidad de trabajar, al contrario sigo aumentando este dinero, pero no es para ahorrar sin más, existe un motivo.

 

Teniendo esto en cuenta es fácil que en mi cuenta de ahorro para imprevistos tenga un colchón para poder vivir sin trabajar durante más de 2 años.

El hecho de seguir metiendo dinero en la cuenta de ahorro para imprevistos, lógicamente, tiene una explicación.

Gente que gana el mismo dinero que yo tienen un BMW, una moto de 1200cc, salen a cenar a restaurantes 3-4 veces a la semana, etc. En definitiva, llevan un nivel de vida más alto que yo. ¿Lo están haciendo mal? La verdad es que no, mientras ellos consigan ahorrar al menos un 20% como dice la educación financiera lo están haciendo bien. El resto del dinero cada uno lo gasta en lo que más le satisface. Ellos disfrutan de su moto y de vivir en una casa para ellos solos, mientras que yo sigo viviendo con compañeros de piso.

 

Lo cierto es que yo más que un coche, más que vivir en una casa para mí solo, más que ropa cara, o más que una moto, yo lo que más valoro es el tiempo.

¿En que sentido valoro el tiempo?

Me gusta trabajar 40 horas a la semana de lunes a viernes siempre que tenga los fin de semana libre, me gusta tener un rato por las tardes para ir a entrenar o para quedar a tomar cervezas entre semana y me gusta que llegue el fin de semana lleno de posibilidades. Casi todas las cosas de tener un trabajo fijo me gustan, pero hay una cosa especialmente que odio de tener un trabajo fijo ¿solo 22 días laborables de vacaciones al año?!!

Tener tan pocos días enteros para mi es algo que no me gusta para nada. Normalmente en un año, con mis días de vacaciones, me gustaría ir a Castellón, mi ciudad natal, al menos un par de semanas. También me gustaría usar una semana para visitar alguna ciudad de España que no haya visitado o en la que tenga algún amigo viviendo. Además me gustaría ir 2 semanas a Mallorca en verano con mis tíos y mis primos donde siempre que voy me lo paso de maravilla. Me gustaría usar otra semana para visitar alguna ciudad europea y sobre todo me gustaría poder ir un mes entero cada año a algún país fuera de Europa.

Para satisfacer mis deseos de días libres necesitaría tener unos 45 días laborables de vacaciones al año!!. Evidentemente mis expectativas de vacaciones son muy altas comparado con lo que ofrecen las compañías.

Hace ya tiempo que me dí cuenta de esta situación. Ganaba dinero pero no tenía todo el tiempo que yo quería. No quería gastar en bienes materiales el dinero que no podía gastar en experiencias.

La conclusión es sencilla, me gusta trabajar como informático en un puesto típico con jornada de 40 horas laborables de lunes a viernes, pero odio tener solo 22 días de vacaciones al año.

Cuando lo pensaba no dudaba ni un instante, cada año renunciaría sin cuestionármelo a un mes y medio de mi sueldo si me lo dieran en días de vacaciones.

Fue así como llegué a la conclusión de que si quería tiempo tendría que cogerlo yo cuando tuviera la oportunidad. Y tuve la siguiente idea, en lugar de comprar cosas, de vivir en un piso para mi solo, de tener un coche bueno,…  simplemente ahorraría para tener una temporada en la que soy dueño de todo mi tiempo entre trabajo y trabajo.

“Renuncie a un nivel de vida alto para gastar mi dinero en comprar tiempo”

En realidad no ahorro, simplemente guardo el dinero para comprarme tiempo. Así cuando estoy en periodos en los que no estoy trabajando, no voy corriendo a buscar otro trabajo. Me tomo entre 6 meses y un año donde yo soy el dueño de las 24 horas del día durante los 7 días de la semana.

En lugar de comprarme posesiones, guardo el dinero y es ese dinero el que me permite tomarme de vez en cuando una temporada off donde realmente hago lo que me gusta.

No suelo coger estas temporadas de tiempo para tumbarme a la bartola y beber caipiriñas sin parar. Normalmente me tomo este tiempo para hacer cosas que me ayuden a seguir creciendo.

“No ahorro, uso el dinero para comprar tiempo”

Cuando me quedé sin trabajo en Madrid elegí irme a Dublín un periodo de entre 6 meses y 1 año para aprender inglés. A los 7 meses de estar viviendo en Irlanda me puse a buscar trabajo y a los 10 meses encontré trabajo de informático en Dublín.

En Irlanda los salarios como informático son altos, lo que me ha permitido ahorrar de media el 45% de mi salario. En Dublín he tenido buenos trabajos pero siempre he seguido viviendo en un piso compartido.

En apariencia se podría decir que estaba viviendo por debajo de mis posibilidades. En realidad lo que estaba haciendo era reservar el dinero para usarlo en comprarme tiempo para mi próxima aventura.

 

Visto desde el punto de vista de gestión del ahorro es como si tuviera 3 cuentas de ahorro:

  • La cuenta para imprevistos.
  • La cuenta para invertir.
  • La cuenta para comprarme tiempo.

Pero en realidad no es exactamente así. El dinero que tengo en la cuenta para imprevistos que sobrepasa al dinero que me permitiría vivir 1 año sin tener que trabajar es el dinero que tengo para comprarme tiempo. Este es el dinero que uso para estar una temporada en la que yo soy dueño de las 24 horas de mi tiempo.

 

Invirtiendo

Como ya he comentado, solo destino a mi cuenta para inversiones el 10% de mi salario. El resto de dinero que ahorro se va todo a la cuenta para imprevistos.

Esto es algo que no es correcto desde el punto de vista de la educación financiera pero es lo que mejor se me adapta a mi.

Por algún motivo que desconozco siempre me he sentido atraído por la bolsa donde me he estado formando durante algún tiempo. Así que una parte de mis inversiones las dedico a invertir en bolsa. Ojo! digo invertir, no especular.

La mayoría de las veces compro acciones con la idea de quedármelas de por vida y no venderlas, ya que compro acciones de empresas que otorgan beneficios anuales a los accionistas (dividendos).

Mi idea no es que la acción tenga subidas del 100% y vender las acciones. Es más tener las acciones y que me paguen cada año parte de los beneficios que la empresa realiza.

Cada vez que compro acciones estoy comprando activos ya que meten dinero periódicamente en mi bolsillo.

La mayoría de personas, a final de mes, tienen que pagar la electricidad a empresas como Iberdrola, la calefacción a empresas con Gas Natural y la gasolina a empresas como Repsol. En cambio yo no pago a estas empresas si no que éstas me pagan a mí porque soy accionista de estas y otras compañías.

Realizo inversiones a largo plazo, reinvirtiendo lo que me dan en los dividendos para aprovecharme de los beneficios del interés compuesto.

He realizado otras inversiones como la vez que puse dinero para alquileres vacacionales o la vez que puse dinero en un tema relacionado con publicidad en internet.

Ahora estoy empezando a interesarme por los fondos de inversión. Son un instrumento ideal para invertir a largo plazo y para aprovechar el interés compuesto ya que la mayoría de los fondos automáticamente reinvierten los dividendos. Además cuando realizas un traspaso entre fondos no tienes que pagar a hacienda hasta que recojas el dinero, lo que lo convierten en un producto ideal para aprovechar el interés compuesto a largo plazo.

La verdad es que mis conocimientos de inversión son bastante pobres, aunque sirven para que al menos mi dinero vaya creciendo pasito a pasito cada año.

 

Hasta aquí todas las entradas en las que quería hablar sobre educación financiera. Si las has leído todas espero que ahora veas el dinero de otra forma o, al menos que te haya entrado curiosidad por aprender más sobre Educación financiera. Es muy fácil aprender más. En internet hay videos gratuitos. Pero lo mejor es que leas libros, algunos de ellos son muy buenos y lo explican de maravilla.

No te pierdas el resto de entradas que escribí sobre la educación financiera:

Educación Financiera I: Introducción.

Educación Financiera II: Concepto de riqueza

Educación Financiera III: La estrecha relación tiempo-dinero

Educación Financiera IV: Inteligencia financiera

Educación Financiera V: Introducción a la inversión: Activos y pasivos

Educación Financiera VI: Aprende a invertir

 

La foto principal es de cuando me fui a Nueva York en Junio de 2017 a visitar a un amigo. En la foto estábamos en un barco en el que mi amigo y yo fuimos a la Governors Island

 

Te gustaría leer más entradas sobre educación financiera y sobre elegir la vida que quieres vivir?. Únete a Rompiendo Fronteras