El ser humano se define a sí mismo como un ser racional.

Sin embargo, la parte emocional parece que domina a la parte racional.

 

Este post está basado en el libro: La mente de los justos escrito por Jonathan Haidt.

En la mente humana tenemos una división que, en ocasiones, nos empujan hacia direcciones totalmente opuestas.

“Sé cual es el camino correcto pero sigo el incorrecto”.

“Elijo un camino por que me parece justo, pero quería elegir la opción contraria”.

 

En la historia, ha habido muchos pensadores que han creado diferentes metáforas para ilustrar este conflicto. Desde Platón con su diálogo, Aristóteles, Kant o Hume.

Este conflicto ha recibido muchos nombres, es el conflicto entre la emoción y la razón.

Pero para seguir hablando de esto necesitamos tener en cuenta la definición de moralidad.

 

Moralidad Humana

Todavía a día de hoy, la moralidad es vista como una cuestión de racionalidad.

La moralidad humana puede definirse como el conjunto de principios y normas que guían nuestras decisiones sobre lo que es correcto o incorrecto, lo que es bueno o malo.

Los principios morales están influenciados por una combinación de factores biológicos, emocionales, culturales y sociales. Desde una perspectiva evolutiva, la moralidad ha surgido para facilitar la cooperación en grupos, permitiendo a los seres humanos trabajar juntos en sociedades complejas.

La moralidad, por lo tanto, implica pensar en cómo nuestras acciones afectan a los demás y a nuestro entorno.

Podemos definir la moralidad como la capacidad de juzgar nuestros actos teniendo en cuenta cuál será su efecto. Para poder juzgarlos, nuestra mente tiene escritos un conjunto de valores, ideas y normas que cada individuo considera de manera única.

 

Moralidad racional vs moralidad emocional

Existen 2 grandes enfoques para entender la moral:

La moralidad racional

Este enfoque sugiere que nuestros juicios morales deberían basarse en razones objetivas y universales, independientes de nuestras emociones. Esta idea tiene sus raíces en filósofos como Immanuel Kant, quien sostenía que las acciones morales se rigen por principios racionales como el imperativo categórico, donde una acción es moralmente correcta si puede convertirse en una ley universal.

La moralidad emocional

Por otro lado, la moralidad emocional sostiene que nuestras decisiones morales están fuertemente influenciadas por nuestros sentimientos, instintos y respuestas emocionales inmediatas. David Hume defendía esta idea, argumentando que «la razón es esclava de las pasiones«, lo que significa que nuestras emociones son los motores de nuestras decisiones morales, y la razón solo entra en juego para justificar esas decisiones post facto.

 

Tenemos una moral emocional y otra moral racional. Muchas veces están alineadas, pero en ocasiones son distintas, y aparece un conflicto.

El conflicto entre la moralidad emocional y la moralidad racional es un fenómeno que experimentamos con frecuencia.

Este tipo de conflictos aparece en la vida diaria. A veces sentimos emociones fuertes, como la ira, que nos incita a actuar de una forma que racionalmente sabemos que no es correcta.

Este choque se da cuando nuestras reacciones instintivas a situaciones morales no coinciden con lo que consideramos un comportamiento moralmente aceptable desde una perspectiva racional.

 

Tres modelos de mente

En el pensamiento occidental se ha adorado a la razón y se ha desconfiado de la emoción.

En el libro, La mente de los justos, se analizan los tres modelos de mente basado en la relación razón-emoción.

Primer Modelo: La Mente Racional (Platón y Kant)

Según este modelo, la razón es la facultad dominante en la toma de decisiones humanas.

Platón dijo que la razón debe de ser la maestra, dominando sobre los apetitos y manteniendo las emociones bajo control. Para llegar a este estado se debe de trabajar para conseguir que la razón tenga el 100% del control.

Kant fue más allá considerando que el comportamiento moral debía basarse en principios universales y razonados. Éste ha sido el modelo que ha prevalecido mayoritariamente en el pensamiento occidental.

Segundo Modelo: La Razón es Sierva de las Emociones (David Hume)

Hume, contrario a lo que se solía decir en la filosofía occidental, dijo que la razón es sierva de las emociones. Y que no puede ser de otra forma.

Aplicando disciplina y estudio se puede llegar a que la razón cree una duda razonable sobre la emoción, la cual podría llegar a cambiar con tiempo. Pero en la mayoría de los casos la razón seguirá y obedecerá a la emoción.

Este enfoque sostiene que nuestras decisiones morales están determinadas principalmente por nuestras emociones, y que la razón simplemente se encarga de justificar esas decisiones después de haberlas tomado emocionalmente.

Tercer Modelo: Un Compromiso entre Razón y Emoción (Thomas Jefferson)

Thomas Jefferson añadió una tercera opción donde razón y emoción son cogobernantes independientes. En este modelo, la razón y las emociones coexisten en una relación de equilibrio y diálogo constante.

Jefferson veía la mente humana como un sistema dual, en el que las emociones y la razón trabajan juntas, cada una desempeñando un rol importante en la toma de decisiones.

 

El error de Descartes

René Descartes colocaba a la razón en la cumbre. ANo podíanasassumiendo que los seres humanos son esencialmente racionales y que, por lo tanto, las decisiones morales humanas se basan en principios lógicos.

Sin embargo, tanto Jonathan Haidt como Antonio Damasio, basándose en investigaciones modernas, mencionan lo que para ellos es el error de Descartes.

En una época bastante actual se han hecho una seríe de experimentos sociales de los cuales solo mencionaré 3.

Experimento 1: Las decisiones de personas con daño en el lóbulo preforontal

El lóbulo prefrontal es la parte del cerebro responsable de la regulación emocional. En este experimento se tuvieron en cuenta las decisiones que toman las personas que tienen dañada esta parte del cerebro.

Tenemos individuos que pueden hacer razonamientos y mantienen el coeficiente intelectual. En cambio la parte emocional de la mente no les funciona correctamente.

  • Estos sujetos se les dio a elegir entre diferentes decisiones:
  • Elegir un modelo de lavadora para su casa
  • Elegir un nuevo puesto de trabajo
  • Comprar un nuevo modelo de computadora
  • Elección de si querían ampliar la familia con un nuevo hijo o una nueva mascota.

El resultado del experimento es que todos los sujetos tomaron peores decisiones que la media de población.

Al tener el CPFVM dañado, la única forma de tomar cada decisión era examinar cada opción. Necesitaban un listado de pros y contras para poder evaluar la decisión a tomar.

Imagina lo difícil y frustrante que puede ser si, en cada momento, necesitases un listado de datos para evaluar pros y contras en cada decisión que tienes que tomar, desde elegir un televisión hasta decidir que vas a desayunar hoy.

 

Experimento 2: Efecto de amenaza moral.

En un experimento social, la gente fue incapaz de dar un razonamiento lógico en los siguiente casos:

  • No podían argumentar el por qué se negaba a usar ropa de segunda mano (lavada claro) que había pertenecido a un criminal y aceptaban usar ropa de segunda mano que había llevado un famoso o filántropo.
  • Porque estaba mal que una familia hubiera cocinado y se hubiera comido a su propio perro después de que este muriera por causa natural, a pesar de que no se hacía ningún mal a nadie.

En todos los casos los participantes opinaban de la misma forma a pesar de no poder dar ningún argumento de el porqué les parecía inmoral cualquiera de los casos. Si se les dejaba más tiempo empezaban a soltar argumentos que se caían por su propio peso.

 

Experimento 3: El Efecto del «Hot-Cold» en el Autocontrol

El psicólogo George Loewenstein demostró en una serie de experimentos que las personas toman decisiones diferentes cuando están en un estado emocional «caliente» (por ejemplo, enfadadas o excitadas) en comparación con cuando están en un estado «frío» (tranquilo y racional).

En experimentos sobre comportamiento impulsivo, los participantes que se encontraban en un estado emocional caliente mostraban una mayor tendencia a actuar de forma impulsiva, sin considerar las consecuencias a largo plazo de sus decisiones. Este fenómeno sugiere que las emociones intensas pueden anular los cálculos racionales.

 

El «error de Descartes» radica en suponer que la razón puede y debe dominar nuestras emociones.

La evidencia actual en psicología y neurociencia respalda las ideas de Hume y Jefferson: nuestras emociones juegan un papel central en la toma de decisiones morales, y la razón, aunque valiosa, rara vez toma la delantera.

Si los razonamientos morales fueran únicamente racionales, no recibiríamos suficiente información y la toma de muchas decisiones sería desesperante.

 

El proceso del juicio moral

Haidt utiliza la metáfora del elefante (las emociones e intuiciones) y el jinete (la razón) para ilustrar este proceso. El jinete cree que está al mando, pero en realidad, el elefante es el que dirige el rumbo.

Cuando nos enfrentamos a una situación moral, nuestras intuiciones y reacciones emocionales inmediatas (el elefante) nos conducen a un juicio rápido, incluso antes de que tengamos tiempo para reflexionar sobre los hechos. El jinete, que representa nuestra capacidad racional, llega después para justificar las decisiones ya tomadas, en lugar de ser el responsable de tomar las decisiones desde el principio.

Los seres humanos formamos juicios morales de manera intuitiva, basados en factores emocionales como la empatía, el asco, o la indignación.

Una vez que hemos formado un juicio moral basado en nuestras emociones, entramos en la fase de justificación, en la cual nuestra mente racional busca argumentos que respalden la decisión ya tomada. Es en este momento cuando elaboramos razones, ya sea para convencernos a nosotros mismos o para persuadir a los demás de que nuestra decisión es correcta.

El punto clave es que, contrariamente a lo que podría parecer lógico, los seres humanos no hacemos primero un análisis racional y luego formamos un juicio moral. Más bien, nuestro juicio moral surge de manera automática, intuitiva y emocional. Y la justificación racional aparece posteriormente para defender ese juicio.

Entender esta dinámica puede ayudarnos a ser más conscientes de cómo formamos nuestros juicios morales y de cómo, muchas veces, nuestras justificaciones son racionalizaciones construidas a posteriori.

 

La relación entre la Moralidad y la Política

En el libro la Mente de los justos se ven 6 fundamentos morales que forman la base de las instituciones. Estos fundamentos influyen en la forma en la que vemos la política:

  1. Cuidado/Daño: Preocupación por el bienestar de los demás, el sufrimiento y la compasión.
  2. Equidad/Injusticia: Valoración de la igualdad y el trato justo.
  3. Lealtad/Traición: Importancia del grupo, la nación y el sentido de pertenencia.
  4. Autoridad/Subversión: Respeto por la autoridad, las tradiciones y las jerarquías.
  5. Santidad/Degradación: Valoración de la pureza y la aversión al asco o la contaminación.
  6. Libertad/Oposición al Control: Deseo de libertad individual y rechazo de la opresión.

Cuando se discuten temas como el aborto, el matrimonio igualitario o la inmigración, es evidente que no se trata simplemente de diferencias de opinión racional, sino de diferencias en los valores morales que subyacen a esas opiniones.

El Sesgo de Confirmación y la Política

Una de las características clave de la relación entre la moralidad y la política es el sesgo de confirmación.

El sesgo de confirmación ocurre cuando las personas buscan, interpretan y recuerdan la información de manera que respalde sus creencias preexistentes.

Esto es particularmente evidente en el ámbito político, donde los votantes tienden a filtrar los hechos y argumentos que contradicen sus puntos de vista morales

Los estudios han demostrado que las personas son más propensas a aceptar información que confirme sus creencias morales y a rechazar, ignorar o reinterpretar aquella que las desafíe.

Polarización y Tribalismo Moral

La relación entre moralidad y política también puede llevar al tribalismo, donde los grupos políticos se ven como bandos morales opuestos.

Los seres humanos somos naturalmente tribales, una característica que ha sido adaptativa a lo largo de la evolución para la cohesión grupal. Esta tendencia puede manifestarse en una polarización extrema, donde los miembros de un grupo político ven a los del otro grupo no solo como rivales ideológicos, sino como enemigos morales.

La política es, en muchos sentidos, una batalla moral, donde diferentes grupos compiten por definir lo que es correcto y justo para la sociedad. Esta comprensión de la política como un conflicto moral ayuda a explicar por qué los debates políticos son tan intensos y por qué cambiar de opinión política puede ser tan difícil: no es solo un asunto de cambiar de idea, sino de redefinir quiénes somos y qué valoramos como seres morales.

 

Conclusiones

  • La moralidad humana está profundamente influenciada por respuestas emocionales. Teniendo en cuenta las últimas investigaciones parece ser que las emociones y la intuición juegan un papel más importante que la razón a la hora de tomar decisiones.
  • La moralidad racional y la emocional a menudo entran en conflicto. A la hora de tomar decisiones está bien guiarse por lo que emocionalmente nos atrae pero es bueno hacerlo en un estado en el cual nuestras emociones no estén alteradas.
  • David Hume demostró que la emoción guía a la razón. En la mayoría de ocasiones la razón solo la usamos para justificar lo que previamente ya habíamos elegido.
  • Jefferson propuso un equilibrio entre la razón y la emoción en nuestras decisiones morales. Hay muchas evidencias que demuestran el enfoque de Hume pero también hay experimentos que han demostrado el enfoque de Jefferson. La razón puede jugar un papel importante cuando le damos tiempo.
  • La evidencia neurocientífica respalda que las emociones son esenciales para la toma de decisiones.
  • El juicio moral es un proceso principalmente emocional, donde la razón justifica las decisiones.
  • Moralidad y política están íntimamente conectadas, influyendo en nuestras creencias y decisiones políticas. Y dado que son opciones que tomamos emocionalmente es por eso que es muy difícil hacer cambiar de opinión.
  • Entender nuestras emociones nos hace más conscientes y capaces de tomar decisiones más éticas y equilibradas.

 

La imagen principal es el libro en el que me he basado para escribir esta entrada.